El PEPAC 2023–2027 ha puesto el listón alto en sostenibilidad: condicionalidad reforzada (BCAM) y ecorregímenes para premiar cubiertas vegetales, espacios de biodiversidad, siembra directa o pastoreo. Sobre el papel, son medidas que mejoran suelo, agua y fauna útil. Pero en plena canícula, cuando Andalucía entra en peligro alto, algunas obligaciones y calendarios no están sincronizados con la dinámica del fuego: aumentan la continuidad de finos pastos, complican la logística de siegas y desbroces y penalizan estrategias de “mosaico” que la propia prevención contra incendios recomienda. El resultado no es uniforme: hay fincas que han reducido riesgo con un manejo fino; otras han visto crecer la carga de combustible justo cuando más arde.
La normativa que define ecorregímenes y condicionalidad es clara —y creciente— en ambición ambiental; incluso reserva un mínimo del 23 % del sobre de pagos directos a ecorregímenes para inducir su adopción masiva. Pero la gestión del riesgo ignición–propagación no se integra con la misma fuerza en la letra pequeña. Esa brecha entre elegibilidad PAC y elegibilidad antiincendios es el punto crítico que conviene corregir.
1) Qué pide el PEPAC —y qué ocurre en campo
En leñosos como el olivar, la práctica estrella es la cubierta vegetal (espontánea o sembrada), que se puede manejar con siega, desbroce o acolchado. Beneficia la infiltración, reduce erosión y mejora el estado hídrico del suelo: virtudes incuestionables. El problema aparece cuando las ventanas de manejo se cierran por burocracia, por fauna o por simple falta de mano de obra en junio-julio: la cubierta entra seca en agosto y se transforma en un continuo de combustible fino perfecto para propagar llama entre calles y hacia linderos. En paralelo, BCAM como la prohibición general de quemas (salvo autorización) cumplen su misión de evitar igniciones… pero obligan a gestionar mucho residuo en poco tiempo, y no siempre hay maquinaria para triturar todo antes de la ola de calor.
El propio Estado ha tenido que introducir flexibilidades para cubiertas de leñosos (por ejemplo, ampliar o adaptar requisitos en secanos) tras comprobar los cuellos de botella de las primeras campañas del PEPAC. Son pasos en la dirección correcta, pero siguen sin articularse de forma explícita con los niveles de alerta de los planes de prevención autonómicos (INFOCA).
2) Lo que sabemos del fuego (y lo que enseña la experiencia reciente)
Los informes europeos de incendios de 2022–2023 documentan campañas extraordinariamente severas en el Mediterráneo por la concatenación de sequía y olas de calor. Ese contexto convierte cualquier exceso de finos en un multiplicador del problema. La evidencia científica y operativa en prevención va en la misma dirección: romper continuidad horizontal y vertical del combustible —con fajas, áreas y mosaicos—, y reducir biomasa fina antes del pico estival.
En España tenemos, además, casos prácticos recientes: proyectos de pastoreo dirigido y mosaicos agroforestales han demostrado abaratar y mejorar el mantenimiento de cortafuegos, con resultados mensurables en menor propagación de incendios y costes por hectárea frente a desbroces mecánicos puros. Es un enfoque operativo, no ideológico: usar ganado y manejo del terreno donde cuadran, y maquinaria donde no.
3) Dónde chirría el encaje PEPAC–prevención
El ecorrégimen de cubiertas reconoce la siega y el desbroce, pero no premia explícitamente el mosaico antiincendios (calles alternas, alturas diferenciales, “puertas” segadas en setos) como práctica con valor de prevención; tampoco armoniza automáticamente las fechas PAC con la fase de peligro alto que publica la Junta cada campaña. El resultado típico es que el agricultor que intenta cumplir la foto PAC de junio puede quedar “atado” en julio-agosto con una cubierta más alta de lo deseable. Por otro lado, los espacios de biodiversidad y márgenes multifuncionales son valiosos, pero si no se segmentan cada cierta distancia se convierten en corredores de llama. Nada de esto invalida el ecorrégimen; exige afinarlo y medirlo con la óptica del riesgo.
4) Consejos técnicos de Opracol para olivares cordobeses en verano
Objetivo: mantener los beneficios del PEPAC (suelo, agua, biodiversidad) reduciendo el riesgo real de incendio durante julio-septiembre.
- Cubierta a altura objetivo pre-canícula: rebajarla a ≤ 8–10 cm antes del inicio de peligro alto y mantenerla así con pases ligeros. El acolchado fino (mulch) arde peor que la hierba en pie y conserva humedad útil para el árbol.
- Mosaico de calles y linderos: segar calles alternas y abrir interrupciones (“puertas” de 2–3 m) en márgenes y setos cada 80–120 m, de modo que nunca haya un corredor continuo.
- Restos de poda y triturado: evitar cordones continuos de material; repartir homogéneo o pilas pequeñas separadas, lejos de copas y tendidos.
- Pastoreo dirigido (donde exista cabaña): concentrarlo antes de canícula sobre fajas objetivo para rebajar finos; después, uso táctico para mantener alturas.
- Coordinación con INFOCA: considerar los planes y fajas auxiliares recogidos en la prevención autonómica como acciones compatibilizables y justificables con fotografía y registro PAC.
Estas pautas no eximen de los requisitos; los hacen compatibles con el verano real. Y son auditables con el cuaderno de explotación (papel + copia electrónica cuando se solicite), geofotos y un registro mínimo de siegas, desbroces y pastoreo.
5) Qué se debería cambiar en la normativa para que funcione mejor
Tres ajustes, de política y de gestión, harían más seguro el encaje:
- Ventanas dinámicas de manejo: ligar la elegibilidad de siegas/desbroces a los niveles INFOCA (alerta meteorológica y peligro) de cada comarca, de forma que el agricultor no pierda el ecorrégimen por rebajar cubierta en la semana crítica.
- Reconocimiento del “mosaico antiincendios” como subpráctica válida dentro de cubiertas en leñosos y de espacios de biodiversidad, con indicadores sencillos (proporción de calles segadas, interrupciones documentadas).
- Guía única MAPA–MITECO–Junta: unificar criterios técnicos de BCAM/eco y prevención, para que lo que pide la PAC no contradiga lo que pide la extinción: cortar continuidad, mantener humedad y segar a tiempo.
Como conclusión podemos interpretar que ni el PEPAC “provoca” incendios ni las cubiertas son enemigas del olivar. Lo que sí aumenta el riesgo es no poder gestionarlas cuando el campo lo pide. La ciencia y la práctica operativa coinciden: menos continuidad de finos, más mosaico y más coordinación con prevención. Ajustar la norma a esa realidad —sin renunciar a suelo vivo ni a biodiversidad— es posible y deseable. En tanto llegan esos ajustes, el margen está en la gestión diaria de cada finca: calendarios afinados, registros claros y justificantes fotográficos de lo hecho y cuándo se realizan.
Opracol Córdoba puede ayudarte a replantear este enfoque en tu explotación: cumplimentación y mantenimiento del cuaderno, asesoramiento ROPO y memorias técnicas para justificar prácticas y excepciones en periodo de alto riesgo. Solicita presupuesto en opracol@opracolcordoba.com.